Perfectamente imperfecto
Perfecto. De su origen como acabado o terminado a su acepción como excelente, sin fallos, ideal.
Hemos pasado a querer ser una sociedad de perfectos, es decir, sin fallos, ideal.
O nos consideramos perfectos, o buscamos la perfección, un dualismo imperante.
Como decía Confucio, el diamante con la fisura busca la perfección y la piedra sin fisura se considera perfecta.
Ambas actitudes conforman nuestra vida.
O me considero perfecto o busco la perfección.
Y cada uno tiene un nivel de autosatisfacción para saber donde encontrar la perfección.
La perfección, es el YA BASTA, es suficiente.
Una piedra puede considerarse bastante y un diamante puede considerarse que no es suficiente.
Y aquí surge el concepto de Byung-Chul Han y la #autoexplotación. Somos empresarios de nosotros mismos, internalizamos la lógica del mercado, la eficiencia y el rendimiento,
medimos nuestro valor por la productividad, visibilidad, optimización y éxito,
nos presionamos constantemente para rendir más, ser mejor, más activo, más feliz, más creativo.
Y es aquí donde nace la necesidad del rescate. Y el Maestro de Nazaret, Jesús (hoy celebramos el Nombre de Jesús, día 3 de enero) viene al mundo para pagar el rescate de los perfectamente imperfectos y por eso todo un Dios se hace perfectamente imperfecto para morir como un alguien que no vale nada para la sociedad.
El #Cristianismo como movimiento posterior a la vida del que fue denominado Cristo defendió y defiende el valor supremo de los perfectamente imperfectos y por eso, un feto, es Vida y Humano, por ser perfectamente imperfecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario