Se acerca el Carnaval.
Se acerca el tiempo de la máscara.
Se acercan los días que nuestros abuelos diseñaron para que imperasen los sentidos, el dejarse llevar por la carne, por Don Carnal, como se decía de antiguo.
Controlados en constumbres y normas de comportamiento social los antiguos tenían varios días al año para dar rienda suelta a sus pasiones. En el Carnaval.
Pero en la actualidad el sentido es muy diferente, de hecho ha perdido fuste en muchas localidades. Pues ya tenemos todo el año para dejarnos llevar por los sentidos, por las pasiones, por las vísceras.
Tal y como suena, las buenas constumbres han dejado de ser el paradigma del comportamiento para poner sobre la mesa de cada día lo que a cada uno le viene en gana. Cada uno en su casa y Dios en la de todos decían los abuelos.
De esta forma de vivir se deducen muchas derivadas de lo que ahora es el mundo y tal vez por eso lo que la gente busca ahora con pasión son retiros de silencio y ayuno que se han puesto de moda como forma sana de recuperar lo que la vida te quita.
Es la ley del péndulo. Hemos pasado de un extremo a otro. Si antes la excepción era lo Carnal, ahora lo es lo espiritual.
Si la vida es una carnaval como dice la canción, El Carnaval, es una fiesta más de las muchas que ya tenemos. Ha perdido su fuerza revindicativa. Y parecería que el imperio de los sentidos había ganado la batalla, pero como vemos va ganando terreno de nuevo la espíritualidad, el silencio y el ayuno.
Y es que en esta vida no hay nada ganado ni perdido que todo tan sólo es transformado.
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