Hace unos días reflexionaba en redes sociales sobre mi soledad.
Una soledad no buscada, no planificada, que apareció de repente y que tuvo que instalarse en mi vida sin remedio. Por ello tuve que adoptar decisiones con rapidez: algunas inmediatas, otras más meditadas.
Hoy habito en un lugar que puedo decir que es maravilloso y tengo un plan de vida que me llena de serenidad, confianza y esperanza.
Pero no todo es un camino de rosas, como en la vida de cualquiera.
La soledad está siendo un problema para mucha gente.
Porque la soledad es, en gran medida, la administración del tiempo; es decir, disponemos de todo el tiempo para nosotros y, por tanto, tenemos que decidir en qué lo empleamos. ¿En qué lo invertimos y en qué lo perdemos?
Y aquí surge una cuestión esencial: si muchos desconocen la naturaleza del tiempo y los conceptos principales que, a lo largo de la historia, se han desarrollado en torno a él, nos encontramos ante una suerte de analfabetismo sobre el tiempo que determina la eficacia o ineficacia en la gestión de la soledad.
Entender el signo de los tiempos es uno de los axiomas de vida más ancestrales. Si el signo de tu tiempo es la soledad, conviene que cuanto antes aprendas a administrar el tiempo.
Y para eso es necesario conocer profundamente su naturaleza.
Que es solo una: AHORA
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